Para gustos los colores y el horrible árbol de Navidad

Nada más y nada menos que seis años pasé en la universidad oyendo hablar de composición, estética, estilo, equilibrio cromático,… y cada año llega la Navidad para recordarme que soy la única de mi casa que conoce esos conceptos. Nunca me gustaron demasiado el de-constructivismo o el eclecticismo. Eso de coger prestado un poquito de estilos muy diferentes o incluso opuestos, para mezclarlos o romperlos, me generaba cierta incomodidad. Así que os podéis imaginar  lo que supone para mí poner el árbol de Navidad en mi casa cada año con un cascabel dicen de Rudolph, tres latas con forma de rey mago, una “esfera” de papel medio despegada de alguna actividad escolar, bolas de colores, tamaños, texturas diferentes… Es la antítesis de una carrera de Arquitectura, os lo digo de verdad.

arbolnavidad_jil111

Fuente Pixabay. Foto de jil111. Distribuida bajo licencia CC0 Public Domain

Pero esos pequeños clientes que viven conmigo imponen unos requisitos muy claros y el árbol ha de soportar todo aquello que cada año ha representado de alguna forma la Navidad. Para mí el árbol tendría dos, o a la sumo tres colores máximo en su composición, equilibrado en la posición de los tamaños de los adornos… Cada puente de Diciembre durante ese kick-off que supone la apertura de cajas de trastos navideños intento soltar un discurso vehemente, pero no hay forma. Mi partner lo tiene más claro que yo y me redirige sabiamente, y es que su visión está mucho menos contaminada de prejuicios estéticos y  compositivos y ve a la primera lo que quieren esos exigentes usuarios que harán disfrute diario del árbol y cuya satisfacción al final es lo realmente importante.

Una de las primeras cosas que aprendes cuando te preparas para certificarte como PMP, es eso de no “vestir de oro”. Es decir, que no des más de lo que el Cliente, el Usuario Final, está pidiendo, por voluntad propia. Como Arquitectos lo duro no es tanto no poner de más, que también, si no saber parar a la hora de imponer nuestra visión de lo que se quiere. Esa formación técnica que hemos adquirido previamente, casi siempre, a la de gestión, nos lleva a querer establecer parámetros que a veces no son los que se están demandando.

Olvidamos que simplemente hemos de escuchar e interpretar de forma no contaminada al usuario final. Para gustos los colores suelen decir, y para requisitos los que demanda el que quiere el producto o servicio.

Aunque a veces no sepa expresarlo, en realidad sabe lo que quiere, y nuestra labor es “sonsacárselo”, nunca redirigirle hacia ese algo que debe querer porque creemos es lo que más le conviene.

Es duro para mí, que quisiera un árbol equilibrado, estático,… ver colgar una mazorca de plástico verde brillante junto a una bola plateada con brillantina dorada y un espumillón azul y algún otro rojo… Está claro que estéticamente hablando hasta un decorador de interiores gritaría “¡Que lo quiten de mi vista!” Pero cumple los requisitos previos: servir para mover todos los adornos cada día, recordarnos episodios de navidades pasadas y ser el punto de encuentro de zapatos el 5 de Enero. No se le puede pedir más. Al fin y al cabo, la cara de satisfacción total de esos pequeños usuarios al verlo decorado como ellos querían es la garantía de un producto bien conseguido.

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