Fotos desencuadradas

Durante mi carrera aprendí nociones básicas de fotografía, e incluso hice mis pinitos con una réflex de aquellas a las que se les ponía carrete. Pero cuando cayó en mis manos una compacta digital, como el más común de los mortales me aborregué y dejé de mirar por el objetivo.

Sin embargo, hace unos meses, por uno de esos prontos maternales que no puedo controlar, decidí retomar aquello de ser yo la que enfocara y planifiqué un reportaje. La recompensa fueron fotografías que sólo pueden ser captadas por una réflex en esa exacta milésima de segundo en la que como madre nunca suelo estar mirando.

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Fuente Pixabay. Distribuida bajo licencia CC0 Public Domain

Me ocurrió algo parecido a visitar un sitio nuevo, cuando la necesidad de fotografiarlo todo es imperiosa y no dejas de mirar, encuadrar, hasta cosas que luego resultan anodinas. Seguro que tienes alguna foto con una fuente horrorosa cuya estética no te desconcertó en absoluto. No hasta que la viste tranquilamente sentado en tu sofá en esa foto que, por alguna extraña razón que no puedes explicar, tuviste que hacer.

Estoy preparando unas clases para niños de 11 años a los que voy explicar qué es el Project Management y cómo puede ayudarles, y me he dado cuenta que al igual que me ocurrió a mí con mi cámara réflex, ante cualquier problema, o proyecto, el primer paso que deberán dar siempre es pararse a mirar, a enfocar, incluso aunque crean que la situación ya la hayan vivido antes de forma parecida. Porque seguro que descubrirán cosas nuevas cada vez que “encuadren”.

Y es que cuando interiorizamos mucho la metodología que empleamos y el tipo de proyecto que siempre dirigimos, actuamos casi instintivamente, y dejamos de mirar por el objetivo ante la falta de ilusión por esperar ver algo nuevo. Creemos que ya lo tenemos todo controlado y echamos la foto hasta  sin enfocarla, desencuadrada, planificamos rápido, pasando de largo, con las lecciones aprendidas que únicamente tengamos en nuestra cabeza, y con la falta de ilusión que puede llegar a provocarnos ese tipo repetitivo de proyecto que siempre nos toca. Quizás olvidamos un poco que las buenas fotos son aquellas que primero encuadramos perfectamente. Nos aborregamos como con una compacta digital.

La planificación es la base, tanto en metodología ágil como monumental. Pero de lo que ninguna nos habla es de esa emoción con la que deberíamos afrontar cada nuevo proyecto que iniciamos.

Creo que ese puede ser el secreto del éxito: actuar como si siempre fuese un lugar nuevo, que visitamos por primera vez y en el que siempre apetece intentar encuadrar esa foto que a simple vista no podemos ver, que seguro nos sorprenderá, y que cuando volvamos a mirar  nos hará sentir que mereció la pena el esfuerzo. Otras quizás resulten como la de la fuente horrorosa. Aunque seguro que hasta en esa habrá algo que merezca la pena recordar.

Estos chicos y chicas tienen esa curiosidad, ilusión y energía que como niños les caracteriza. Creo que les pediré que no las pierdan, porque sólo con eso ya tendrán mucho ganado: les hará tener, siempre, ganas de pararse a mirar y encuadrar.

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