El exceso de magia acaba con la magia

La perseverancia de mis hijos puede llegar a calar más hondo que el mejor eslogan publicitario del mundo. Así que acabamos pasando parte de las vacaciones en ese Parque Temático cerca de París que pocos no conocen.

No pretendo hacer una crítica sobre el sitio, porque reconozco la arquitectura y el esfuerzo de todos los trabajadores y actores que recrean de una forma encomiable un ambiente que afuera sólo podemos imaginar gracias a las películas. Pero esa atmósfera mágica que rodea todo, deja de serlo tras un primer día de Agosto allí.

ExcesodeMagia

Foto de Chris Alcoran. Fuente Flickr. Algunos derechos reservados

Las colas interminables me permitieron emplear parte de mi tiempo en otras cosas, como observar las caras de la multitud. Los niños se mostraban exaltados, así que no me resultaban objetivos, pero las expresiones de los adultos eran muy reveladoras: Caras serias, agotadas y sin ese brillo de ilusión que te prometen. ¿Por qué?

Tras el primer día, nos dimos cuenta que los tiempos de espera eran demasiado largos. En cada atracción, tienda, kiosco… en todas partes. Quizás el aforo, muy lejos de estar limitado, a mi entender sobrepasaba el completo. Esto no sólo incrementaba las colas, si no que impedía (entiendo que por seguridad) ciertos performances que en otra época sí se llevan a cabo en espacios abiertos. Nuestra desilusión iba creciendo.

Y tras el segundo día, comprendimos que lo peor eran las continuas incidencias técnicas que paraban ciertas atracciones de forma continuada. Entendimos que por supuesto la seguridad prima y ante la mínima duda, siguiendo los protocolos correspondientes, las atracciones se cerraban temporalmente. ¿Quizás el uso excesivo provoca un mayor porcentaje de incidencias en las atracciones? No lo sé. Sólo sé que mi satisfacción final como usuario fue: buena. Pero, no muy buena, y nuestra experiencia siempre tiene un pero al narrarla a los demás. Otros Parques han conseguido de mí una mejor prensa.

Debo insistir en que la seguridad es lo primero, no la estoy juzgando. Sólo pretendo recordar que cuando dirigimos un proyecto, los niveles de control para garantizar la calidad y seguridad no deben ser desproporcionados al resultado que estamos dispuestos a asumir y el Cliente, nosotros, el usuario final, podríamos perder la ilusión del proyecto ante unos protocolos que se puedan estar malinterpretando o incluso asumiendo como excesivos. Por ello debemos evaluar la satisfacción final con cada entregable y analizar esos peros que puedan llegar a catalogarlo como “sólo bueno”, porque quizás implícitamente tenemos un detonante reiterado de los protocolos de calidad o seguridad, que ralentizan las entregas, y que crean una cierta insatisfacción final. En nuestro caso he llegado a la conclusión que el aforo excesivo era ese detonante. ¿Resultado?, no entra en mis planes volver, y por tanto han perdido un cliente.

Es importante cuando planifiquemos no olvidar la identificación y análisis de episodios o situaciones que puedan llegar a provocar una necesidad reiterada de aplicar los protocolos de control. La percepción de una desmesura de ellos a lo largo del proyecto podría acabar con la “magia” del mismo. 

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