Contaminación emocional

Una de las veces que le acompañé al hospital encontré sobre un mostrador una manzana con un cartel: “Tener cáncer es tan natural como esta manzana”. Tenía mis dudas de que fuese “natural”, entre otras cosas porque la propia manzana no lo era y porque cuando le diagnosticaron cáncer unas semanas atrás había pensado: -“Soy adulta y esto es  natural. Está controlado.” Pero me había equivocado. Los primeros días mi sentido común parecía nublarse y me costaba pensar de forma objetiva. Demasiadas variables interviniendo y condicionando la toma de decisiones que antes sí podía tomar de forma incluso inconsciente. Sufría de contaminación emocional. Sólo sé que no era mi yo habitual.

Foto de Ramón. Fuente Flirck. Algunos derechos reservados

Foto de Ramón. Fuente Flickr. Algunos derechos reservados

Todos nos enfrentaremos a alguna situación emocionalmente extraordinaria en algún momento de la vida: un divorcio, una muerte, una enfermedad… pero lo que no nos enseñan es a medir el impacto que esto provoca sobre nuestras capacidades. Esa ralentización que sufrimos en mayor o menor medida, no es despreciable. Y es que nos bloqueamos temporalmente y sólo necesitamos Tiempo para racionalizarlo. Es quizás el descontaminante emocional más eficaz que conozco, pero también uno de los que menos gusta en Gestión de Proyectos.

Socialmente se considera políticamente incorrecto, incluso inhumano, observar que un recurso pueda requerir de apoyo o incluso apartarlo temporalmente de un proyecto porque esté sufriendo estrés emocional. El propio afectado a veces no quiere reconocer que su rendimiento no es el habitual. Qué hacemos ¿lo apoyamos moralmente? ¿le damos tiempo? ¿es eso lo correcto para los objetivos de nuestro proyecto? Hay una cosa clara, no podremos permitirnos el lujo de “mover” la línea tiempo del proyecto ante la caída de rendimiento de un recurso importante. Pero sí podremos reforzarlo o complementarlo, haciendo que el impacto al coste sea menor. Puede ser una solución viable siempre que consigamos un tiempo mínimo de adaptabilidad del recurso de refuerzo. Se consigue simplemente practicando la transferencia periódica de conocimiento. Las reuniones de equipos involucrados en un Proyecto deberían considerar también el intercambio de información sobre el trabajo puro y duro que cada uno desempeña. Todo esto parece una perogrullada, ¿verdad?, pero ¿cuantos proyectos se han dirigido de forma temeraria sin que recursos del propio proyecto conozcan el trabajo y avance de otros recursos similares a ellos?

El Director de Proyectos ha de estar involucrado y entender que la contaminación emocional casi imposible de cuantificar, puede amortiguarse, empezando con una buena comunicación. Pero son quizás los Directores de Departamento o Equipo los que sin duda deben involucrarse más y conocer y poner en conocimiento de sus recursos, qué hace cada uno de ellos en cada proyecto en el que participa. Sólo de esta forma tendrá preparado a su equipo para poder reforzar a un recurso que lo requiriese puntualmente en un tiempo lo más despreciable posible para el proyecto.

Creo que sufrir de contaminación emocional sí es natural. Debemos comprenderlo cada uno de nosotros y reconocer que si nos ocurre podríamos estar impactando negativamente en mayor o menor medida sobre los objetivos del proyecto en el que participamos, independientemente del rol que desempeñemos.

Valorar que nos aparten o refuercen temporalmente no tiene por qué ser negativo, creo que es una decisión profesional simplemente. Y quizás sea de las valientes.

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