El ciego que hablaba en lenguaje de signos

No sabría explicar esa sensación que tuve el día que vi a un chico invidente hablando en lenguaje de signos con una chica sordomuda. Fue increíble comprobar la capacidad de comunicación manejando el lenguaje de signos sin ser capaz de ver las manos del interlocutor. Las manos del chico “veían” las de la chica. ¿Lo llamarías entonces discapacitado? Yo no. Es mucho más capacitado que yo.

Foto de Jlhopgood.  Fuente Flickr. Algunos derechos reservados.

Foto de Jlhopgood. Fuente Flickr. Algunos derechos reservados.


Cuando mi vida normal era circular a todas horas con un carrito de bebé no me califiqué nunca de discapacitada. Tampoco he pensado nunca que mis hijos lo fueran porque no sean capaces de moverse a través de una página web, que quizás no es capaz de usar ni su diseñador. Al fin y al cabo, sus capacidades cognitivas no son más que las de un cerebro infantil. Ya no creo que sean discapacitados ni siquiera aquellos que se les reconoce como tales. Simplemente destacan sobre una mayoría diferente. Ese ciego mirando con sus manos no es discapacitado, porque también ve el mundo, aunque el cómo lo haga sea distinto a los demás. Por eso creo que

La Accesibilidad no debe entenderse como una necesidad de minorías o como algo que viene impuesto por Ley, sino porque lo lógico es diseñar pensando en la usabilidad de cualquier producto, servicio, lugar, por parte de todos los posibles usuarios. Si no lo hacemos accesible la calidad simplemente será menor y podremos estar descartando clientes potenciales.

En una charla que impartí a niños de ocho años, descubrí que no percibían el mundo sin un ascensor. Para ellos, instalarlo en un edificio antiguo no era porque un minusválido pudiese requerirlo. Era porque no era lógico que no lo hubiese si existe y se usa para poder subir. Creo que esas nuevas generaciones que nos preceden ven el mundo accesible, simplemente porque sí. No se lo cuestionan de otro modo. Porque necesitan resolver sin pensar y de forma rápida situaciones cotidianas que de otra forma les robarían un tiempo precioso. Será por tanto más fácil inculcarles que la Accesibilidad Universal garantiza la eficiencia de la interacción con los múltiples entornos y situaciones en las que nos encontraremos a lo largo de la vida. No es entonces en beneficio de unos pocos. Es en beneficio de todos.

Un ascensor en una estación a cincuenta metros de profundidad, minimiza el tiempo invertido en salir de ella. Simplificar un plano guía de un gran museo permite circulaciones más eficaces. Una página web accesible permite una navegación cómoda, rápida, eficiente y garantizará visitas continuadas de clientes potenciales independientemente de sus capacidades. Todo esto se puede diseñar desde dos puntos de vista. Pensando en el uso apto, también para una minoría discapacitada. El resultado puede ser que quizás sí se lleve a cabo la implementación de ese diseño, o quizás no, porque implementarlo se estime caro e innecesario ante ese cliente minoritario del se opta por prescindir. O pensando en hacer más eficiente y eficaz la interacción con ese producto, servicio, lugar, etc. por todo tipo de clientes, sin descartes. Quizás sólo de este modo consigamos que sea incuestionable diseñar para todos implementando esa Accesibilidad Universal cuyo objetivo principal no es otro que facilitarnos la vida, independientemente de cuales sean nuestras capacidades.

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