La nariz y los mediocres

Mi nariz siempre ha estado ahí, y siempre fue correcta, sin más. Así que no merecía mayor atención. Solamente cuando viajé a Indonesia me hicieron valorarla fugazmente: las lugareñas se recreaban en ella porque su finura resultaba extremadamente exótica al compararla con la anchura natural de las suyas. La cuestión es que al regresar volví a obviarla, como había hecho siempre.

Algunos derechos reservados. Foto de Xava Du (Flickr)

Pero hace poco, mi médico reparó en que había algo en ella que era mejor eliminar. Ahora mi nariz no volverá a ser la misma: una pequeña cicatriz la ha cambiado. Ha conseguido llamar mi atención como nunca antes su mediocridad había conseguido. Ha sido algo así como ese integrante de nuestro Equipo que está ahí, haciendo su trabajo correctamente, pero en el que nadie repara hasta que lo eliminan. Y entonces todos decimos: «¡por favor! ¿Por qué él? ¡si era un máquina el tío!!! »

Me considero una persona bastante empática y me cuesta entender por qué se ha tendido siempre a “ignorar” a los “normales”, a esos que no destacan pero de los que cabe destacar que cumplen con su trabajo, en los plazos que se les marcan y sin crear conflictos. No se les reconocen o recompensan su logro o su trabajo porque simplemente es lo que cabe esperar de ellos. Así que no merecen mayor atención. Sólo la merecen, o bien aquellos que lo hacen de pena -quizás por esa innata predisposición que tenemos de intentar mejorar las cosas- o aquellos que destacan sobremanera -a veces sólo por el mero hecho de que saben destacar-. Pero no todos tienen esa capacidad innata de inflar sus logros, ni esa verborrea de parecer salvadores colgándose medallas que quizás ni siquiera les correspondan. Sin embargo los “normales” también logran los objetivos, en silencio, sin destacar, pero los logran igual que aquellos que los pregonan a los cuatro vientos como algo extraordinario, ¿verdad? La lástima es que todos estos al final necesitan un médico, que como con mi nariz, consigan desviar sobre ellos la atención de los demás de una vez por todas.

He decidido pensar que el mundo es, de, por y para esos normales, a esos a los que a algunos les gusta llamar mediocres. Me he cansado de leer artículos que incitan a que nos creamos extraordinarios, mejores, que tendamos a destacar y vendernos… ¡porque será lo único que nos hará triunfar! Yo creo que está de la mano de los que estamos al lado conseguir que nuestro compañero o nuestro Equipo brillen. Porque la humildad, como buena virtud que es, quizás hace que de forma innata no tendamos a vender nuestro trabajo bien hecho como otros vendedores (quizás sólo de humo) sí saben hacerlo. Pero no por eso somos mediocres. Todo lo contrario. A mí personalmente me da más confianza un trabajo, una Empresa, un Hotel, recomendados por otros, que aquellos que se venden a sí mismos como los mejores del mundo. Y ahora tenemos muy fácil poder hacerlo. Tenemos la facilidad de dar al “me gusta” o al “recomendar”.

Así que dale al me gusta en todo lo que realmente te guste, recomienda aquello que recomendarías, pon estrellas en aquello que merecen las tuyas, comenta lo que creas que merece mención, porque el mundo va a ser de esos a los que los verdaderos mediocres llaman mediocres, pero recomendados. 

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